
Estados Unidos derrotó a Turquía en la final del mundo por 81-64 y no sólo de esa forma logró romper con 16 años de sequía sino que accedió automáticamente a los Juegos Olímpicos de Londres 2012.
El encuentro mostró cierta paridad en el primer cuarto. Sin embargo los norteamericanos, principalmente de la mano del jugador más valioso del torneo, Kevin Durant (28 puntos, 7 de 13 en triples), comenzaron a marcar diferencias. La soberbia tarea en ataque se vio perfectamente acompañada por una impecable gestión defensiva sobre el perímetro turco y una intensidad física por encima de lo visto hasta entonces en el certamen. Todos estos condimentos hicieron que al finalizar el tercer cuarto la distancia sea de 13 puntos para los de Chauncey Billups.
El último tramo estuvo de más; simplemente permitió apreciar cierto lucimiento de Estados Unidos y la dignidad del local para no bajar jamás los brazos ante la derrota.
La consagración estadounidense permite comprender que si bien ningún jugador de aquel plantel que alcanzara la medalla de oro en Beijing 2008 se encontró presente en Turquía y que de los presentes pocos alcanzaron un anillo de la NBA, el básquet desarrollado en el norte de nuestro continente, con seriedad y el trabajo apropiado, está un escalón por encima del resto.
Luciano Jurnet
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